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Renegade - ZX Spectrum de Imagine Software (1987)

Renegade - ZX Spectrum de Imagine Software (1987)

  • 9 de septiembre de 2019

Encendí un cigarro mientras esperaba que llegara el metro. Miré el reloj y me sobresalté. Las diez menos cuarto y había quedado con Lucy a las diez en la puerta de su oficina. Las cosas no se podían poner peor. Estaba bastante harto de sus estúpidas broncas cuando llegaba tarde y ninguna de mis explicaciones parecía convencerla.

¿Qué quieres saber?


Ficha de Renegade

Videojuego: Renegade

Sistema: ZX Spectrum 48K/128K

Imagine Software

Programadores: Mike Lamb, Ronnie Fowles, Fred Gray

Año: 1987


Análisis de Renegade

Microhobby nº155

Pensativo, me senté en el vagón, intentando recordar cuál era la excusa que le había dado a Lucy la última vez que llegué tarde. Una sonrisa afloró a mis labios cuando recordé que le había dicho que el metro había pinchado. No se lo creyó, por supuesto, pero le hizo gracia y esto suavizó ligeramente la bronca de costumbre.

Estaba llegando a la estación y me preocupaba que mi imaginación estuviera poco hábil esta noche para inventarse una excusa convincente. Pero algo distrajo mi atención. En el andén de la estación había un grupo de macarras que no me daban buena espina. Pensé en pasar de estación y bajarme en la siguiente, pero, tras una rápida mirada a mi muñeca, decidí que no era posible perder más tiempo.

Se abrieron las puertas y me lancé rápida, pero discretamente, hacia las escaleras mecánicas. Vi de reojo cómo dos de ellos se acercaban hacia mí peligrosamente para mi integridad física, ya que uno de ellos llevaba una mano disimuladamente oculta en el bolsillo de su cazadora como si escondiera algo.

Aceleré el paso, pero no fue suficiente. «Oye tronco, déjanos algo para pillar algo de comer...» «No tengo nada suelto», les contesté y me di cuenta rápidamente de mi error. «Pues si no tienes suelto, dánoslo agarrao...», comentó el de la mano en el bolsillo, que ya no la tenía allí, sino que aparecía reluciente con una barra de hierro de las que tenían que hacer mucha pupa.

Lo que me faltaba; por si no tenía poco con aguantar la bronca de Lucy por llegar tarde, se me fastidiaba cualquier tipo de escusa, ya que mi chica no se creería que había llegado tarde por tener una pelea en el metro.

Rápidamente intenté recordar las lecciones de artes marciales por correspondencia que había recibido durante las dos últimas semanas. Sin mediar palabra, golpeé en el estómago al que llevaba la barra y me dirigí hacia las escaleras, pero ya era demasiado tarde. Los compañeros del que se retorcía en el suelo bloqueaban la salida y no tenían cara de venir a preguntarme la hora. Resignación.

La emprendimos a golpes, de los cuales yo recibí unos cuantos, y me di cuenta de que había un cabecilla de la banda que no había intervenido todavía en la pelea. Pero cuando las cosas se pusieron feas y en pie sólo quedaban tres de ellos, se dirigió hacia mí y no para acariciarme precisamente.

La primera, como se suele decir, la recibí en la frente y acabé con mis queridos huesitos en el suelo, cosa que no me hizo excesiva gracia.

Mamporro por aquí, mamporro por allá, conseguí desembarazarme de él y corrí hacia las escaleras.

Ya en el exterior, respiré profundamente para intentar relajarme. Cerré los ojos un instante, pero inmediatamente miré el reloj y vi que ya llevaba diez minutos de retraso. Eché a correr por las callejuelas que desembocan en las cercanías del puerto y ¡horror!, una pandilla de moteros con sus correspondientes chaquetas de cuero tenían una reunión.

Debieron de pensar que era un espía de una banda rival, porque, sin mediar palabra, se lanzaron tras de mí. ¿Qué habría hecho yo esta noche para que todo el mundo quisiera aplastarme la cara? Nueva pelea, nuevos porrazos y más retraso para mi cita. También había un jefe al que tuve que patearle una oreja para que me dejaran en paz, pero me costó lo suyo porque el tipo debía haber recibido más clases por correspondencia que yo.

Tras este otro percance me dirigí a Golfas Street, una calle de no muy buena reputación. Solía evitarla cuando podía, pero el tiempo no corría a mi favor y atravesar esa calle era el medio para no llegar más tarde.

Pero, desde luego, hoy no era mi día de suerte. Nada más entrar en la calle, vi a la banda de la Gran Bertha que estaban en la entrada del Suzys, un tugurio del que pocos salían enteros. Esta banda era conocida por su gran habilidad para jorobar a todo el que pasara por delante de su bar de reunión y, casualmente, yo acababa de pasar por delante.

Estas «simpáticas» chicas, insignias nazis por doquier y unos látigos de cuero estilo Indiana Jones, se acercaron hacia mi ya tullido cuerpecito dispuestas a jorobarlo aún más.

Otra de golpes. Parecía que estaba en un autoservicio del mamporro. Yo pasaba por allí y ellas me daban, y uno todavía era un caballero. Pero esta característica masculina se me olvidó después de tres latigazos recibidos en mi espalda. Otros diez minutos de lucha y al final, a salir corriendo en dirección a la oficina de Lucy, que sólo estaba a dos minutos.

Las diez y media. La cosa se ponía seria. Como pude, corrí hasta el ascensor, me metí en él, pulsé el botón sin mirar y cuando salí, poniendo cara de cordero para pedirle disculpas a Lucy, me di cuenta de que me había equivocado de planta. Me había metido en una reunión de gangsters.

Empecé a decirles que era un error, que ya me iba, pero no se lo creyeron y todos sacaron sus navajas para afilarlas sobre mí. Todos exceptuando el jefe, que como era más amable, sacó un 45 y se lió a tiros.

Desde luego, yo no sé lo que había pasado, pero ya estaba harto de recibir porrazos, golpes, latigazos y navajazos, así que decidí ponerme duro y lo primero que hice fue eliminar a los secuaces para lanzarme a por el jefe, que seguía pegando tiros a diestro y siniestro.

Dos minutos más tarde ya estaba de nuevo en el ascensor y esta vez sí había pulsado el piso correcto.

Salí, vi a Lucy tras su máquina de escribir, puse cara de buena persona y le dije: «Hola cariño. Siento el retraso pero no te vas a creer lo que me ha pasado.»

«Ahora me contarás que has tenido alguna pelea con una banda de macarras. Pues no te voy a creer, así que no te molestes en inventarte ninguna película», contestó ella con su dulce voz, mientras que yo no sabía si echarme a reír o a llorar. Cosas del amor.


Reseñas de Renegade

Microhobby nº152

De entre la avalancha de títulos que se nos avecinan para las próximas navidades ya hay algunos que empiezan a destacar sobre el resto. Uno de estos ejemplos es el programa «Renegade», el cual ha sido realizado por una de las compañías más prestigiosas del momento: Imagine. El argumento del juego nos traslada a las calles de una ciudad peligrosa y plagada de delincuentes —tal y como están las cosas cualquier ciudad española podría ser el escenario de «Renegade»—, y nos obliga a enfrentarnos en solitario a varias pandillas de chorizos callejeros. La diversión está asegurada en este programa, aunque sólo sea por el placer de eliminar con nuestras manos a todos los macarras que se interpongan en nuestro camino; pero, por si esto fuera poco, «Renegade» está realizado con una gran calidad a todos los niveles, tanto gráficos como de movimientos y desarrollo, por lo que no dudamos que la lucha contra la delincuencia será uno de los próximos deportes nacionales.

Microhobby nº150

Las historias de chico bueno quiere a chica buena, pero ambos tienen problemas, no son ninguna novedad y Renegade es una de ellas.

Cansado de una jornada de duro trabajo, te diriges hacia el lugar donde todos los días a la misma hora, te encuentras con Lucy, tu chica Pero hoy no va a ser un día normal. Te has levantado con el pie izquierdo y todos los macarras de la ciudad, que no son pocos, han decidido eliminar tu presencia de la faz de la tierra.

Para ello se han armado con porras, motocicletas, navajas e incluso pistolas y se dirigen a tu encuentro. El primero de los ataques lo recibirás en el metro, más tarde en el muelle, en el barrio chino.

Tu único objetivo sobrevivir.

Los escenarios se componen de tres pantallas relacionadas por un scroll lateral, en las que aparecen todos tus enemigos. Una gran cantidad de movimientos y una rapidez de ejecución de éstos son algunos de los detalles que el luego incorpora.

Los efectos de sonido en cuanto a golpes, eliminación de enemigos y, sobre todo, a la sintonía inicial son asombrosos. No se le han incorporado más detalles, pero pensamos que no los necesita.


Valoración de Renegade

Microhobby nº155

  • Originalidad: 70%
  • Gráficos: 80%
  • Movimiento: 80%
  • Sonido: 80%
  • Dificultad: 90%
  • Adicción: 90%

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