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Antiriad - Amstrad CPC de Palace Software (1986)

Antiriad - Amstrad CPC de Palace Software (1986)

  • 4 de octubre de 2019

Después de la guerra nuclear, el planeta quedo en estado caótico y la civilización fue reducida a cenizas. Pasados unos años, los supervivientes de la debacle se habían agrupado en tribus y vivían una vida relajada, cazando, pescando y sembrando sus tierras. No necesitaban más. El pasado les había enseñado bastante. Pero este sistema de vida tan tranquilo se vio truncado por la aparición de los alienígenas.

Índice


Ficha de La Armadura Sacrada de Antiriad

Videojuego: Antiriad

Sistema: Amstrad CPC

Palace Software

Programadores: Andrew Fitter, Daniel Malone, Richard Joseph, Peter Stone

Año: 1986


Análisis de Antiriad

Amstrad Semanal nº82

Para defenderse de los esclavistas extraterrestres, el consejo de ancianos de la tribu Britunia decidió que entrenarían a un niño sano y fuerte, con la intención de que este, cuando hubiera alcanzado la juventud, consiguiera entrar en las ruinas de una ciudad de la vieja civilización y sacara la sagrada armadura de Antiriad. Con su extraordinario poder y el entrenamiento de Thol, joven designado para la misión, sería posible liberar a los prisioneros y acabar con los opresores de la raza humana.

Para conseguir la armadura, Thol debió atravesar macabros bosques poblados de animales mutantes y objetos todavía cargados de mortal radiactividad. El contacto de todos ellos le mermaba su energía y, si los enfrentamientos o contactos eran prolongados, podían causarle la muerte.

La única arma con la que contaba Thol para defenderse de todos estos peligros eran las piedras que llevaba y que podía lanzar con toda la fuerza de su poderoso brazo. Pero esto no era gran cosa. Así que debía ir con mucho cuidado y esquivar a sus atacantes. Con la armadura esta situación cambiaría radicalmente.

Después de atravesar los bosques, nuestro héroe llego a la ciudad y, tras una pequeña búsqueda. localizo la armadura. Lleno de temor, se acercó a ella y la examino. Cuando estuvo más tranquilo, se colocó la armadura y sintió una ligera vibración. A continuación, vio como se encendía el panel de control de la armadura.

Mucho le costó a su primitiva mente el entender lo que significaba cada uno de los mandos, pero al final lo logro. En el extremo izquierdo tenia los indicadores de energía de la armadura y la suya propia. En el centro contaba con la pantalla del ordenador de mantenimiento y un display por los que recibía todo tipo de informativo. En el extremo derecho un anillo que le indicaba el nivel de radiactividad que había en la zona en la que se hallaba.

Cuando aprendió la utilidad de cada indicador, se dispuso a moverse con la armadura y no pudo. Se le había olvidado que, para poder utilizarla, tendría que recoger unas piezas fundamentales para el funcionamiento de la armadura que habían sido esparcidas en el bosque por los animales que habían penetrado en la ciudad y se las habían llevado jugando.

Las primeras piezas que Thol busco fueron los desplazadores gravitacionales, que no eran otra cosa que las botas propulsoras de la armadura.

Se encontraban sobre el ramaje de un árbol en el que habitaba un gran simio. Después de subir por las ramas del árbol, llegó al sitio donde estaba el simio, le esquivó — las piedras no podían eliminarle— y recogió las botas. Lleno de alegría, bajo y fue corriendo al lugar donde estaba la armadura.

Colocó correctamente las botas, según le confirma el display del ordenador de mantenimiento.

Ya se podía mover con la armadura.

Consciente del inmenso poder que poseía, Thol sonrió y se dispuso a continuar su tarea.

Lo siguiente que hizo fue buscar el láser. Este se encontraba dentro de la ciudad, protegido por un vetusto y casi oxidado robot. Lo único que no debía tener oxidado el robot era el dedo que apretaba el gatillo de su desintegrador, disparaba incansablemente. Pero lo duro era que no podía ser destruido. Afortunadamente, con la protección de la armadura sufrió una ligera perdida de energía. Para recargarla, solo tuvo que recoger las células de energía que vio a su paso. Parecían extrañas conchas.

Thol había notado que según se iba adentrando en la ciudad, crecían los efectos de la radiación.

Para poder combatirlos, se dirigió a buscar el anulador de partículas. Este se hallaba en una zona del bosque, así que tuvo que bajar un nivel en la ciudad. Al llegar ante una barrera magnética infranqueable, dejó la armadura y se dispuso a subir de rama en rama hasta donde se encontraba el anulador de partículas. Cuando lo encontró, lo cogió y, lleno de sorpresa, sintió como la armadura le teletransportaba hasta donde ella se encontraba. Todavía estupefacto, se dirigió a buscar el ultimo elemento necesario para llevar a cabo su misión: la poderosa mina de implosión.

En una de las salas de una construcción, vio un agujero que parecía la entrada de una gruta.

Entro sin miedo, gracias a la protección de la armadura, y se puso a buscar la mina. Después de unas vueltas por la gruta, llego hasta un pasadizo cerrado por otra barrera magnética, dejó la armadura y se dispuso a reconocerlo. Lo primero que pudo notar al entrar al pasadizo fue la enorme radiación que allí había. Debería terminar el reconocimiento cuanto antes, si no las consecuencias podrían ser mortales. Tras un promontorio vio la mina de implosión, la recogió y, tras un salto, salio corriendo de allí. Lo siguiente seria encontrar la fuente de energía de los invasores.

Eliminando a todos los seres mutantes y evitando las lenguas de fuego, además de barreras energéticas, Thol se fue adentrando en una gruta que cada vez tenia mayor indice de radiactividad. Para poder soportarla, recogió otro anulador de partículas que vio en otro corredor de la gruta.

Mientras ascendía por la gruta, Thol pensó que no le debía quedar mucho para llegar a la central energética de los alienígenas. No se equivocaba.

Después de recorrer unos cuantos cientos de metros más, vio la entrada a una sala que parecía no tener nada que ver con la civilización humana anterior o con la posterior. Con mezcla de alegría y temor, Thol atravesó el umbral y descubrió los reactores atómicos que nutrían la maquinaria y armamento de los tiranos. Se posó con la armadura sobre el modulo central y activó la bomba de implosión. La cuenta atrás se inició y, tras unos angustiosos segundos, una terrible explosión hizo saltar por los aires la base de los tiranos opresores.

Thol, protegido por la portentosa armadura, sobrevivió a la explosión y pensó lleno de tranquilidad que la raza humana había sido salvada, pero... ¿por cuanto tiempo?

Este es el relato del tema de un juego que no dudamos en tildar de original y del que hemos quedado gratamente impresionados. Antiriad tiene la dosis justa de acción; ni descompone el sistema nervioso, ni nos deja «dormirnos en los Iaureles».

Gráficamente esta bien resuelto y es sumamente agradable. El color es el necesario y esta perfectamente aplicado. En lo referente al movimiento hay que destacar que Thol, protagonista del juego, se mueve a una velocidad muy bien estudiada y que confiere una gran dosis de naturalidad al héroe de la aventura. Los efectos sonoros, al igual que la música, son bastante buenos, cosa que esperábamos al ser Palace Software la casa creadora de Antiriad.

Sistemas


Valoración de Antiriad

  • Originalidad: -
  • Gráficos: -
  • Movimiento: -
  • Sonido: -
  • Dificultad: -
  • Adicción: -